El Soundtrack de mi pubertad

Por elelias

Cuando tenía alrededor de ocho años, instalaron cuatro salas de cine a una cuadra de mi casa, hoy el lugar está abandonado y ha sufrido dos incendios. Era el primer cine con aire acondicionado de la ciudad, tenía permanencia voluntaria y las películas tenían un intermedio para ir a surtirse a la dulcería. A veces veíamos dos o tres películas en un día, aunque siempre nos ganaban las ganas de salir a la calle a jugar.

La película que recuerdo más vívidamente haber visto ahí cuando niño, fue la primera versión de las tortugas ninja de 1990. Fuimos un grupo de amigos a verla y aunque todos los lugares estuvieran ocupados, aun así, te vendían boleto y la podías ver tirado en la alfombra o parado al fondo.

Antes había comentado que mi primer acercamiento a la música fue con el rap bailable de los noventas, pues en la segunda entrega de la saga Tennage Mutant Ninja Turtles II: The Secret of the Ooze contó con una intervención por parte de Vanilla Ice con su Ninja Rap. Por un lapso de 3 minutos, la sala de cine se convertía en un salón de baile para piques de rap.

En 1991 se estrenó la majestuosa e híper producida secuela de El Exterminador de 1984, Terminator II: The Judgment Day. Fue la producción más cara de la historia con un coste de 100 millones de dólares. Los efectos especiales eran increíbles, Arnold Schwartzenegger estaba en su mejor momento, era simplemente “LA” película del verano. Con este filme, James Cameron germinó una saga que a la fecha ha entregado cinco historias y se espera una sexta para 2019.

La canción principal para esta cinta estuvo a cargo de los míticos Guns and Roses, banda de Hard Rock que tras su exitosísimo álbum Appetite for Destruction y el no tan impresionante Lies, la agrupación nos entregaba un hermoso álbum doble llamado Use your Ilussion I y II. De la segunda parte, se desprende You Could Be Mine.

Los chillidos de Axel Rose, las guitarras aplastantes de Slash y un ritmo cabalgante hacía una destrucción anunciada, hicieron de este soundtrack un impacto fulminante en mi cabeza. Simplemente no dejaba de imitar la guitarra con mi voz y manos, creo que fue una influencia contundente para que naciera en mí el gusto por el instrumento de 6 cuerdas.

En estos cinemas se transmitían películas gringas, mexicanas y en ocasiones alguna europea. Era un misterio ver los afiches de las películas de Emmanuelle (serie erótica francesa), imaginando de que trataría y por supuesto que se vería. Por la parte trasera del cine estaban las “salidas de emergencia”, una calle tranquila y empedrada donde rondábamos buscando un descuido por parte del staff del establecimiento para ver si nos podíamos colar, para por fin develar el misterio en la pantalla. Lo que si alcanzamos a apreciar eran los diálogos en francés, algún gemido tras un velo y la música de estos filmes.

Emmanuelle

Estos soundtracks estaban llenos de pianos, voces femeninas, una sensación de suavidad y erotismo como nunca antes los había escuchado. Parecían provenir de un fondue romántico, de queso fundido por el calor emitido por la fricción de los personajes. Me dejó un gusto que hasta la fecha catapulto con Sébastien Tellier y su álbum Sexuality, Justice y L’Impératrice.

Claude Challe (DJ francés de Downtempo y Deep House) entregó en el 2004 un compilado llamado Emmanuelle – The Private Collection. En éste se rescatan temas que servirían como soundtrack para esta saga erótica, así como un cover del tema principal de la serie.

Sírvase bien caliente y a media luz.

Continuando con este tema, y adentrándonos en un género más hardcore, los VHS de las películas porno de los 80’s y 90’s (esos que prestabas y nunca más volvías a ver) estaban llenos de un funk simple pero que complementaban fielmente las escenas -a veces distorsionadas- de parejas amasando carne humana, con zoom analógicos y maquillaje excesivo.

Desconozco quien sería el maestro que fusionó este género musical con el cinematográfico. Existen registros de películas italianas y francesas como Sexopolis, que ya utilizaban este género como soundtrack. Si bien el funk es de denominación de origen estadounidense, su influencia persiste desde esa época en la música francesa, italiana, brasileña y hasta africana.

Las Gatitas de Porcel era una serie eroticómica (si no existía, acabo de inventar el término) de manufactura Porteña. Desde Buenos Aires nos llegaban chistes y mujeres despampanantes a la televisión mexicana a eso de la media noche. Mis hermanos mayores veían el show a escondidas y buscaban echarme de la habitación, pero yo me las ingeniaba para simular que estaba dormido durante la transmisión, siempre con un ojo medio abierto y los oídos atentos. El tema principal del programa corría por parte de Earth Wind and Fire, una banda pilar del funk setentero. La pieza era Brazilian Rhyme de 1977.

Sin dejar de mencionar la colaboración de los soundtracks del cine mexicano de mi preferencia -el de clase b- en mi bagaje de gustos musicales, debo anotar que las películas del Santo se sonorizaban con temas tribales, misteriosos y a veces eufóricos.

Los instrumentos clave más utilizados en este género cinematográfico fueron el Theremín para los efectos de sonido y texturas sonoras, y el órgano Hammond. El Theremín, un dispositivo electrónico ruso inventado en los años 20’s por León Theremin, sigue sorprendiendo a cualquiera que lo ve ejecutarse. La figura principal para darlo a conocer mundialmente como un instrumento musical es Clara Rockmore. Una especie de viola alienígena llenaba de misterio los laboratorios científicos de los enemigos del enmascarado de plata.

El órgano Hammon por su parte, era finamente tocado por el maestro Juan Torres, desde canciones rancheras hasta piezas originales para los filmes. El gusto por esta instrumentación hizo que al escuchar Mysterons de Portishead, me transportara a un estado de confort conocido. Una contemplación de las suaves notas sobre una base hip hop, me abrió un panorama exquisito al Trip Hop. Bandas como UNKLE, Massive Attack y Tricky son parafernalia indispensable para una tarde / noche de relajación.

Así, la música se comienza a integrar a nuestro día a día, a veces imperceptible y muchas veces memorable. Tenemos nuestra vida sonorizada con un soundtrack variadísimo, tanto así que cuando escuchamos una melodía nos transporta inmediatamente a ese momento, algo así como un olor sónico.

elelias

Melómano empedernido. Sus gustos musicales estarían dentro de una gráfica que parten desde el Acid Techno a la Ranchera y del Power Metal hasta la Chicha Peruana. Vendedor de oficio y escritor de correos electrónicos de tiempo completo.

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