Recordando la música en 8bits

Por elelias

Unas horas antes de que John Lennon fuera asesinado a manos de un fan, yo nacía sin dificultades en 1980. Como mis padres no tenían para comprarme una consola de videojuegos, a la edad de 7 años los conocí en la calle.

Existía un arcade gallery en una colonia cercana a mi casa que se llamaba “Chispaz”. La sala te recibía con un simulador de manejo de autos, del cual nunca supe que había más allá de 30 segundos de juego. Me llamaron la atención las luces, los sonidos, los personajes, las historias simples (adicional a las que yo les inventaba) y en algunos casos, la música.

Street Fighter fue el juego que me atrapó. Al parecer no requería mucha destreza pues aprendí a jugarlo solo inclinando la palanca hacia delante, y haciendo semicírculos de abajo a delante mientras presionaba frenéticamente el botón de golpe, el personaje arrojaba una bola de un color amarillento, que parecía energía que salía de sus manos. Hasta 1991 que lanzaron Street Fighter II: The World Warrior, supimos que esa bola tenía el nombre de “Abuket”, Hadoken para los fresas.

La canción cúspide de Street Fighter II es el tema de la estación militar aérea de Guile, track de la autoría de Yōko Shimomura. Hasta hace algunos años, la gente comenzó a apreciar la grandeza de la pieza, y ahora se utiliza como un soundtrack de videos caseros donde al parecer, se lleva bien con todo.

Fue entonces cuando empecé a prestar mayor atención a los juegos y a su música.

Reto a cualquiera en este juego.

Algunos años después, en navidad  mis amigos recibieron de regalo el Nintendo Entertaiment System (NES), jugábamos Super Mario Bros y Duck Hunt. La pistola era algo tan innovador que prestábamos nula atención a la música del juego pero no fue el caso para el plomero digital. Mi generación no puede sacarse de la cabeza los diferentes temas de los niveles del videojuego. Podría testificar que Super Mario Bros. Theme o “Ground Theme” es el himno gamer. La Oda a la Alegría de los tiempos modernos ingeniada por Koji Kondo.

Su simplicidad, el manejo de los sonidos sintetizados y la impercepción del loop, hicieron de la canción para videojuegos un género totalmente nuevo. Su influencia dentro y fuera de Japón, persiste hasta estos días y se le augura un amplio futuro.

Bandas 8 bits (chiptune), covers con instrumentos poco ortodoxos, tonadas para dormir a un bebé y diferentes expresiones geek, surgen todos los días a partir de un recuerdo impreso con hierro calentado tras largas horas frente al televisor, a no más de un metro de distancia, jugando de pie y brincando al mismo tiempo que el personaje en el videojuego.

Banda Chiptune Anamanaguchi

Por otra parte, recuerdo que comencé a estar en contacto importante con la música a mediados de los 80’s con el boom del rap bailable – Vanilla Ice, MC Hammer y Digital Underground por mencionar los menos ridículos – pero no fue hasta 1992 que escuche el álbum Nevermind de Nirvana, cuando realmente abrí mis oídos a la música. Las guitarras estridentes, un desenfado total y temas que extrañamente me hacían sentido en la adolescencia, me volcaron a una búsqueda que parece interminable, una sed por nuevos sonidos, ritmos y propuestas.

No podría considerarme un músico, por respeto a mis amigos que llevan esa profesión, tampoco un musicólogo, más bien considero a la música mi principal hobbie, mi arte favorito, un alimento básico.

Ya para 1999, mi interés me llevo a formar parte de una banda de metal en la universidad. Exploré todo el género, conozco hasta el Circus Metal. Dentro de esta indagación –apoyada en Audiogalaxy cuando el internet era el viejo oeste digital – me topé con un cover de todos los temas del juego Contra para NES, soundtrack autoría de Kazuki Muraoka, ejecutado a la perfección por la banda Vomitron. Al escuchar los riffs, melodías y solos, transportándolos a la guitarra pude entender mejor la calidad de la música de los videojuegos.

Castlevania, Batman, Double Dragon, Ninja Gaiden, Mega Man… Para mi ésta es la verdadera música japonesa. Un experimento sonoro para alcanzar un mercado occidental, que raya en lo cursi y cliché, con escalas musicales tomadas desde otro ángulo, pero que nos siguen asombrando y llenándonos de ese calor que irradiaba la pantalla.

En México no podríamos dejar de opinar en cualquier tema y que mejor que con nuestra música popular.

elelias

Melómano empedernido. Sus gustos musicales estarían dentro de una gráfica que parten desde el Acid Techno a la Ranchera y del Power Metal hasta la Chicha Peruana. Vendedor de oficio y escritor de correos electrónicos de tiempo completo.

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